Jeremy mantenía la mirada sobre la pieza de madera con el cristal incrustado, con la seguridad de que las otras tres personas en la habitación, tenían sus ojos clavados sobre él.

Aunque en realidad era escéptico en lo concerniente a los temas esotéricos, no dejaba de inquietarle lo que esa, su primera experiencia y su inmersión en el desconocido campo de las ciencias ocultas, podrían generarle y afectando de alguna manera su entendimiento.

Sentado frente a él se encontraba Charlie, quien con mirada inquisitiva le sugería que iniciaran la sesión, pues eran cerca de las diez de la noche y no querían prolongarla más allá de las doce.

A cada lado de ellos y sentadas en sendas sillas, dos chicas con cara de incertidumbre, les acompañaban observando con bastante curiosidad. El mayor de los muchachos era Jeremy, quien apenas había cumplido los 17. Charlie y las chicas, Tracy y Susan, tenían 16 años cada uno.

Charlie tomó finalmente la iniciativa y acomodó la tablilla rectangular de un color amarillento en el centro de la mesa. En ella, el alfabeto completo aparecía seccionado en dos hileras curvilíneas y un tanto más abajo los dígitos del 1 al 0 en línea recta.

Los vocablos “si” y “no” habían sido escritos en la parte superior de la tabla y centrado en la parte inferior de la misma la palabra “Adiós”. A un lado de la tabla reposaba una pieza en forma de corazón invertido apoyado sobre tres patas y con un cristal adosado en su lado superior. Charlie constantemente se refería a este elemento con el nombre de “planchette”.

—¿Están listos?

Jeremy asintió levemente con la cabeza, mientras las muchachas simplemente levantaron sus hombros indicando que por ellas podrían comenzar de inmediato. Charlie desde un comienzo tomó la dirección de la sesión por ser la única persona en el recinto que tuvo contacto anteriormente con una tabla “ouija”.

Con cierto protocolo, Charlie encendió tres velas blancas y una barra de incienso. Luego apagó la luz del cuarto dejando parte del recinto en penumbras. Se sentó luego en la mesa e hizo que todo se tomaran de las manos formando un círculo.

Acto seguido cerraron los ojos y respiraron profundamente reteniendo el aire por varios segundos en sus pulmones. Repitieron el procedimiento un par de veces más antes de soltarse las manos.

Charlie colocó su dedo índice en el “planchette” y lanzó una rápida mirada a los concurrentes para que le imitaran. Les pidió un minuto de concentración. Cerrólos ojos y al cabo del minuto los abrió y dijo levantando un poco el tono de su voz.

—¿Hay alguien ahí?

Jeremy paseó su mirada por la habitación con incredulidad y con cierto asomo de burla. Sabía que se encontraban solos en la enorme casa.

Charlie había decidido utilizar el cuarto de la parte trasera de la propiedad de sus padres para la sesión, pues era el más adecuado según él para esta práctica, dado su aislamiento y el tenebroso aspecto que éste presentaba.

ouija dos

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Adicionalmente, quería sacar provecho de la ausencia de sus padres quienes habían viajado y estarían fuera de la ciudad por varios días. Por ahora, la casa estaba disponible solo para él y para su hermano Richard, dos años mayor que él, quien entraba y salía constantemente, llegando en ocasiones a ausentarse durante toda la noche.

Luego de varios segundos y al ver que el “planchette” permanecía inmóvil, Jeremy retiró su dedo índice afirmando su incredulidad.

—¿Por qué lo quitaste? —preguntó de inmediato Charlie frunciendo el ceño.

—Porque los únicos que estamos en esta habitación somos nosotros, nadie más te contestará —respondió Jeremy sarcásticamente.

—No sabes lo que dices y te sugiero que no juegues con esto. Debes saber que es bastante delicado.

Jeremy colocó de nuevo su dedo sobre la pieza de madera y esperó a que Charlie intentara nuevamente “comunicarse” con alguien en el más allá.Hay

—¿Hay algún espíritu aquí presente? —repitió solemnemente el rubio muchacho.

Nada de nuevo.

Luego de un largo minuto Charlie lo intentó por tercera vez.

—¿Hay alguien ahí?

El “planchette” que hasta ese momento había permanecido estático, pareció tomar vida de inmediato. Se movió arriba y a la izquierda señalando la palabra “si”. Jeremy, tomado por sorpresa miró con recelo el aparato, sin una clara idea de la extraña fuerza que hizo que éste se desplazara.

—¿Cómo te llamas? —inquirió Charlie con los ojos sobre la tabla ouija.

El “planchette” nuevamente se puso en movimiento y una a una fue señalando varias letras. Primero fue la K, luego vino la E y la L; finalmente fueron la V, la I y la N.

—Kelvin —dijo Charlie, mientras garrapateaba el nombre en un pedazo de papel— tenemos algunas preguntas, ¿puedes contestarlas?

El “planchette” se ubicó debajo de la palabra “si”.

Luego y sin que se hubiese generado pregunta alguna, el pequeño instrumento se puso en movimiento saltando entre las letras con bastante rapidez. Charlie, leía y anotaba procurando no perder alguna de las letras señaladas.

Una vez que el “planchette” se detuvo por completo, Charlie leyó en mensaje en silencio. Luego miró a los muchachos quienes se preguntaban qué era lo que este decía, solo Jeremy tenía una vaga idea de lo allí se había mencionado.

—Kelvin dice que antes de responder alguna pregunta, él quiere que saquemos de la habitación algo que se encuentra en ese armario de allá —dijo Charlie señalando una vieja cómoda de madera empotrada en la pared.

—¿De qué se trata? —preguntó Tracy intrigada.

—Se refiere a un talco con perfume de mujer —intervino Jeremy— dice que le trae muchos recuerdos.

Charlie se levantó de la mesa y accedió a retirar del cuarto una talquera rosada que probablemente llevaba allí muchos años. Luego regresó a su lugar y se dispuso a continuar con la sesión.

ouija

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La primera en preguntar fue Tracy. Deseaba saber a qué edad se casaría y cuantos hijos tendría, a lo que el supuesto “espíritu” respondió que su boda se realizaría en 7 años y que a su hogar llegarían 4 hijos.

Jeremy fue el segundo en consultar al “ente”. Preguntó si el lograría ser aceptado en la universidad y si tendría éxito en el fútbol. Kelvin contestó que sí sería aceptado en la universidad pero que un accidente lo alejaría definitivamente del deporte. No indicó cuando ni donde sucedería el nefasto suceso.

Todos guardaron silencio ante la funesta profecía. Jeremy, aunque impresionado, conservaba aun algo de su escepticismo inicial.

Susan fue la siguiente.

—Me gustaría saber en dónde viviré a la edad de 25 —preguntó mientras sonreía.

El “planchette” permaneció inmóvil en su lugar.

La chica repitió su pregunta un poco más fuerte.

El “planchette” no se movió.

—¿Kelvin, aun estas ahí? —inquirió Charlie pensando que el espíritu se había marchado.

El “planchette” se ubicó debajo de la palabra “si”.

—¿Por qué no contestas su pregunta?

—“porque esa pregunta no tiene respuesta”

—¿Qué quieres decir?

—Ella morirá a la edad de 18 años. Un hombre le quitará la vida.

Un silencio absoluto reinó en el cuarto. Susan movía su cabeza negativamente como tratando de borrar de su mente lo que había escuchado.

Un fuerte golpe en la puerta hizo que todos en la habitación gritaran y saltaran del susto. Luego se abrió la puerta de sopapo y apareció Richard riendo a carcajadas.

—Hola muchachos, ¿Por qué esas caras tan largas? —inquirió al verlos tan serios— veo que han estado jugando con la “tabla del engaño”.

—Richard, estamos a mitad de una sesión. Por favor sal del cuarto. —Dijo Charlie bastante contrariado.

—Muchachos, no sé cómo pueden ustedes perder el tiempo con estas estupideces.

—Richard, ya basta por favor. Esto es serio. Lo que dices no les va a gustar a los espíritus.

—¿Serio?, eso es pura charlatanería. Esos espíritus a los que te refieres solo están en la mente de ustedes.

Tan pronto terminó Richard su frase, el “planchette” comenzó a moverse casi sin control.

—“Debes tener cuidado con las palabras que salen de tu boca”

—¡Nunca me van a convencer de que es un espíritu quien está diciendo eso!

—“¿Quieres una prueba?”

—¿Qué se van a inventar para convencerme?

—“Ve hasta la ventana de este cuarto, corre la cortina y allí, al otro lado del cristal, tendrás la prueba que estás buscando”

La sonora carcajada de Richard retumbó en la habitación.

—¿Y creen que con eso me van a asustar? Pues, si ese es su mejor intento, lo haré. Veré que hay al otro lado de la ventana.

—Richard, por favor no lo hagas. En realidad, no tienes por qué hacerlo —dijo Charlie.

Richard caminó hasta la ventana con paso firme y aire divertido.

—Richard, detente. No lo hagas por favor.

Richard hizo caso omiso a la petición de su hermano y corrió la cortina, seguro de que nada encontraría al otro lado del cristal.

Un desgarrador grito que helaba la sangre salió de la garganta de Richard quien se tomó la cabeza al tiempo que caía de espaldas en la habitación.

Todos los muchachos, excepto Susan, quien aún permanecía en un mutismo total, se levantaron para auxiliar al hombre, que en medio de estertores gritaba como un loco.

Jeremy, se preguntaba que pudo haber ocasionado tan desmedido efecto en Richard. No podía irse de allí sin averiguarlo. Haciendo acopio de todo su valor, apretó los puños, mordió con fuerza los labios, hinchó de aire sus pulmones y se dispuso a mirar a través de la ventana para averiguar que había aterrorizado a aquel muchacho de esa manera tan desmedida.