En las últimas semanas, y en muchos medios de comunicación, ha cobrado interés la noticia acerca de la posible liberación de Luis Alfredo Garavito Cubillos, quien ha sido catalogado como el mayor asesino en serie colombiano y segundo a nivel mundial. Garavito, capturado en abril de 1999, recibió una sentencia de 1853 años y 9 días por el asesinato de 172 niños; sin embargo, dadas las normas vigentes de la época, la máxima pena que se pudo aplicar fue de 40 años en prisión, a pesar de que la mayoría del pueblo colombiano solicitara la pena de muerte para este sujeto, conocido, entre otros alias, como “La Bestia de Génova”.

Con base en ciertas prebendas otorgadas por el sistema judicial de este país, como colaboración con la justicia, sentencia anticipada, rebajas de penas por trabajo o estudio y buen comportamiento, la pena inicial de 40 años quedó reducida a tan solo 24. Pero los beneficios no se detienen aquí. Al cumplirse las dos terceras partes de la condena, el prisionero puede solicitar la libertad condicional.  Así las cosas, durante el presente mes de abril, y al cumplir 16 años tras las rejas, técnicamente este fratricida puede quedar en libertad.

Garavito, ante la atrocidad de sus delitos, cometidos en su mayoría contra niños entre los 6 y los 16 años de edad, en los que demostró la saña y perversión que existe en su alma, manifestó abiertamente que él era la consecuencia del maltrato físico a que fue sometido por parte de su padre y del abuso sexual del que fue víctima por varios años, a manos de diferentes personas cercanas a él. Su carácter violento, exhibido especialmente cuando se encontraba bajo los efectos nocivos del alcohol, le llevaron a cometer vejámenes contra sus víctimas, tales como la mutilación de miembros, violación sexual, extirpación de ojos y en casi todos los casos, degollamiento.

Al parecer, los cinco años que estuvo este individuo bajo tratamiento psiquiátrico para controlar su violencia, solo exacerbaron su comportamiento, convirtiéndolo en un ser malvado y de alta peligrosidad para la sociedad. Y aquí nace el interrogante del porqué existen individuos con este tipo de conducta, que se deleitan causando dolor a sus semejantes, al punto de llevarlos hasta las mismas puertas de la muerte. Algunos seres humanos, quizá desde que se establecieron los primeros grupos sociales miles de años atrás, se han caracterizado por sus acciones contra algunos miembros de su sociedad, vapuleando los derechos y ejerciendo una cruel y constante opresión sobre aquellos a quienes consideran en inferiores condiciones.

El maltrato infantil; el hostigamiento escolar, matoneo o bullying, como se conoce en la actualidad; el abuso y la explotación sexual y la violencia doméstica o intrafamiliar, son varias de las conductas que aquejan a la sociedad y que someten a una gran cantidad de la población mundial en pleno siglo XXI. En la mayoría de casos, las víctimas suelen ser niños, mujeres o ancianos, quienes son sometidos al maltrato verbal, psicológico y en ocasiones físico.

El matoneo escolar se presenta en las aulas o en los patios de los centros educativos, y afecta por igual a niños y a niñas en la pubertad y hasta bien entrada la adolescencia. El acoso se puede evidenciar de varias maneras, y en todas ellas el verdugo ejerce un maltrato reiterativo y constante sobre su víctima, afectándolo psicológicamente y llevándolo, en ocasiones, hasta el suicidio. Por ello, es común encontrar niños con un fuerte rechazo al momento de tener que asistir al colegio, o los reportes con bajas calificaciones de los estudiantes sin razón o motivo aparente.

Según los entendidos, dentro de los tipos de acoso escolar se encuentran la intimidación, el hostigamiento, el bloqueo social, la manipulación social, la coacción, la exclusión social y la amenaza a la integridad. Para prevenir que los menores sean víctimas del matoneo o bullying, es importante una intervención pronta y oportuna sobre todos los factores que lo rodean en la parte social, familiar e individual.

Otro de los vejámenes que se constituye como una grave violación de los derechos humanos es el abuso o la explotación sexual de cualquier individuo. Se entiende por acoso sexual, todo tipo de manifestaciones y de acciones dirigidas hacia una persona con el ánimo de lograr favores sexuales sin su consentimiento. El género masculino es quien más aporta este tipo de conducta nociva y, generalmente, la aplica en los sitios de trabajo, instituciones académicas y, en el peor de los casos, en su ambiente familiar. Las personas abusadas en muchas ocasiones ocultan este tipo de comportamiento, pues piensan que pueden perder sus trabajos o que son vulnerables a recibir cualquier tipo de reprimenda. No obstante, el acosado debe entender que esta conducta es tipificada como un crimen en todos los países del mundo y el acosador es señalado como lo que es, un criminal. Las conductas que se exhiben por parte de estos individuos son de tipo variado, como proposiciones indecentes, fotografías explícitas, correos electrónicos, mensajes de texto y roces físicos indeseados. 

Dependiendo del acoso a que sea sometida una persona, estos suelen catalogarse en tres diferentes grados: leve, cuando la agresión no pasa de ser un chiste con contenido sexual o un piropo; grave, cuando la conducta infiere un beso, un abrazo o un roce; muy grave, cuando existe una presión física o psicológica para lograr la relación sexual.

El acoso sexual puede darse dentro del mismo género, y también puede ser de naturaleza homofóbica. Por último, es importante considerar la violencia doméstica o intrafamiliar, como otro de los flagelos del hombre contra su propia especie. Esta conducta se refiere a la violencia por parte de uno o más integrantes de la familia, contra alguno de los demás o contra todos ellos. Los actos violentos frente a la víctima infieren, pero no se limitan, a la intimidación, la agresión física, el hostigamiento, el abuso emocional o económico y el acoso.

Los estamentos judiciales de casi todas las ciudades de Colombia y el mundo, reciben a diario una gran cantidad de denuncias de personas maltratadas, quienes aducen haber sido agredidas físicamente por su pareja mediante el uso de puños, patadas, mordiscos, empujones, llegando en ocasiones al uso de armas de fuego, cuchillos y hasta machetes. Otra conducta nociva de la violencia intrafamiliar hace referencia al maltrato psicológico, al maltrato sexual y a la restricción de la libertad.

Es vital que los gobiernos tomen acción directa ante estos fenómenos que aquejan a la sociedad y establezcan unos parámetros que logren controlar estas conductas en los individuos, en defensa de aquellos a quienes la vida no ha procurado lo mejor.